El Pecado no es la Homosexualidad. El Pecado es el Capitalismo

02 Mar 2018

El Pecado no es la Homosexualidad. El Pecado es el Capitalismo[1].

Alonso Ignacio Salinas[2].

La victoria que pensaron asestar a la Teología de la Liberación y al mensaje liberador de Cristo terminó siendo pírrica, la influencia liberadora del evangelio se extendió por Latinoamérica y África sin control, las contradicciones sociales quebraron las congregaciones y dejaron aislados al conservadurismo católico (aun cuando este posee presencia y control de los Medios de Comunicación), el sentido común dentro del catolicismo está girando de forma incontrolable hacia una comprensión más “liberal”.

La corrupción, la incoherencia y los excesos maléficos (como en el caso de los Legionarios de Cristo al estar relacionados con redes de prostitución, pedofilia y la industria de las armas)  terminaron por sentenciar a la misma Curia, su costumbre terminó siendo su tumba. Como el Imperio romano sobrevivió la penuria y devino en su colapso entre la opulencia y el poder, la Curia fracasó ideológicamente (pues en términos fácticos sigue siendo un poder, pero exclusivamente por su relación con el poder económico).

Ante esto es que la CIA financió a los Mormones y a ciertos grupos Evangélicos para frenar aquel avance e impedir la unidad socialista, pero ese plan parece ya haber trascendido a algo mayor, a través de  varias organizaciones como el “Yunque” se ha orquestado la lucha masiva, como si de una cruzada se tratase, para imponer el conservadurismo. Los herederos exitosos de la reacción han sido justamente estos grupos, que han aprovechado la debilidad del catolicismo y para el poder han sido más útiles que la vieja Curia.

Ante esta situación es que es necesario reflexionar y dar una señal, enfrentar el discurso alienante de la injusticia que llevan dándose alrededor del globo desde estas iglesias.

La gran cruzada es contra lo que consideran demoniaco, “del demonio”, en específico la ficticia “Dictadura Gay”. Que no solo es una ridiculez en términos sociales y políticos, sino una aberración a la fe cristiana.

Si tanto se adjudican ese rol de líderes morales, de iluminados que tienen que buscar almas para salvarlas, ¿por qué es que no entienden lo que leen? ¿Cómo pudieron antes recibir algunas iglesias evangélicas a Pinochet con bombos y platillos, al igual que a Piñera, pero rechazar al hermano con una opción sexual distinta? ¿Cómo es que ellos buscan salvar almas el con  sus discursos de la discordia y su incoherencia?

Se ha dicho mucho de Sodoma y Gomorra, los Pastores rasgan vestiduras dando el ejemplo del castigo divino sobre los homosexuales ante este ejemplo “histórico”, los movimientos de la Diversidad Sexual, las y los propios hermanos (hechas y hechos a imagen y semejanza de Dios, y Hermanos por el Don de la Carne) son atacados e incluso asesinados. Estos (malos) pastores no entienden que la Biblia es la palabra de Dios pero escrita por el hombre (el hombre poderoso en muchos casos, con intereses detrás), las y los hermanos Evangélicos deberían entender que como herencia de la cultura judeocristiana, en varios idiomas occidentales se utiliza el gentilicio «sodomita» para designar a quienes practican la homosexual, pero esas definiciones son modernas, en la Antigüedad tales prácticas tenían otra connotación que están relacionadas con la falta de amor al prójimo. Un pasaje del profeta Ezequiel deja entrever esta connotación:

He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no tendió la mano al afligido y al mendigo. Y se llenaron de soberbia y abominaron de mi Ley” (Ezequiel 16, 49-50).

El Pecado de Sodoma y Gomorra es el pecado del Capital, el pecado de la alienación y la explotación burguesa.

Dios siempre castigó al Pecado ciertamente, cuando fue “dios mago” (cuando intervenía directamente), pero no el Pecado que ellos suponen. Cuando los Reyes de Israel empezaron a cobrar impuestos al pobre, empezaron a explotar al campesino, fue Él mismo quien mandó a los Babilonios a destruirlos; destruyo las casas de los príncipes y los sacerdotes, más a la de los pobres se las dejó, les heredó la tierra directamente.

Y aunque sea literal su (falsa) idea de que el Pecado es la Homosexualidad en aquel momento, ellos no ven que la llegada de Jesucristo cambio todos los paradigmas, Jesús cuestionó la opresión de la mujer, la Biopolítica de suplicio y castigo, el dinero mismo, la sociedad de clases. Habló de la dignidad de la mujer y la consideró su igual al romper con esquemas tradicionales de su Sociedad judaica, predicó el perdón y la redención, compartió el pan y el pescado, llamó a alimentar a los hambrientos y dejar con las manos vacías a los que siempre han sido ricos. Inclusive Isaías lo dijo antes al hablarnos del final de la guerra y las armas (Isaías 9:5-7), al hablarnos de la hermandad entre lobos y ovejas (Isaías 11:6).

No hay naciones, no hay barreras ni colores, como no hay ni género ni sexualidad ante los ojos del Dios que es hijo, solo hay hijas e hijos, hermanas y hermanos, pues el Espíritu Santo habita en ellas y ellos, Dios está en las y los pobres, los oprimidos, entre estos; las lesbianas y homosexuales. Dios está ahí, no está en sus Iglesias encerrado en cuatro paredes buscando a que salven almas y las lleven allá, está afuera y como el pueblo, esta hambriento de Justicia. Predicar, Misionar, ser Apóstol de Jesucristo hermanas y hermanos, no es el proselitismo de su Pastor, es dar la Buena Nueva que es la Justicia y ser la Buena Nueva, que es aprender a Amar de verdad, convertirse de corazón.

El Pecado siempre ha sido el odio al prójimo, por ende hermanas y hermanos, les digo, los pecadores no son los travestis, los homosexuales, lesbianas, bisexuales, transgénero, etc. Los pecadores son ustedes, que como Fariseos juegan a la moralidad de la vida vacía y no están del lado de la moralidad liberadora que busca la plena libertad e igualdad de oportunidades para el prójimo.

Cuando dividen el mundo en pecado y salvación, cuando juegan al tribunal binario que es ciego y sordo, pero grita y escupe, solo juegan a ser los Fariseos que enfrentaron a Jesús. No olviden jamás que “el que oprime al pobre afrenta a su Hacedor; Más el que tiene misericordia del pobre, lo honra” (Proverbios 14:31), no juren lealtad a la línea autoritaria (que nunca será puesta por Dios, aunque el Derecho Divino y Natural lo diga) de los asesinos y ladrones, de los ricos y poderosos que solo tienen el poder para ellos, no sean instrumento vil de los componentes de la Sociedad del Pecado que quieren superar. No tengan miedo al clamor de libertad de las y los oprimidos, porque la lucha por la dignidad humana es una lucha profética, es la expresión de la segunda venida de Cristo; ya sea física o espiritual en todas y todos los hijos de Dios (sin importar su credo), que habla del Reino de los Cielos, la salvación con signos visibles de liberación económica, política, social y cultural.

El mundo efectivamente se divide en Benditos y Malditos, pero los Benditos no son los bautizados, los castos, los de una congregación o una iglesia determinada. Los Benditos para Cristo son los justos, y ser justo no es luchar contra la Ley de Identidad de Género o contra el Matrimonio Igualitario, ser justo es dar dignidad e igualdad, que por razones ontológicas conllevas a esas leyes hermanas y hermanos. Ser Bendito y Bienaventurado es ser parte del Pueblo y todas sus luchas, es comprender que el pecado no es la homosexualidad, no es el sindicalismo o el feminismo, el pecado es uno solo, es el odio al prójimo, impuesto por el Capitalismo y todas las estructuras de opresión.

“Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:34-40).

[1] Texto originalmente publicado en “Reflexión y Liberación” el 01 de Marzo del 2018.

[2] Coordinador Comisión Nacional de Juventudes, columnista de “Reflexión y Liberación” y “Redes Cristianas”, Estudiante de Derecho Pontifica Universidad Católica.

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